"Te sigo prefiriendo, Platero, para todos los días(¡te lo dije tanto!) a cualquier otro amigo hombre. La mujer es diferente, incomparable, ya tú lo comprendes, de eso no hay que hablar. Te prefiero como a un niño. Porque tú, como tú, un niño, un perro también, como Almirante mi caballo maresmeño, me das la compañía y no me quitas la soledad (esto que también te digo tanto) y al revés, me consientes la soledad y no me dejas sin compañía.

A tí te lo puedo contar todo en mi entusiasmo o mi pena, Platero, y todo te parece bien. Y tú, en cambio, tan bueno como eres, nunca me interrumpes para nada, no necesitas interrumpirme, te sabes valer por ti mismo. Ni me dices tampoco que soy ridículo o egoísta, anque lo pienses; te me callas serio o distraído.

¡Qué superior eres a mí y a todos, Platero! Por eso podemos ser amigos tan excelentes. A mí no me gusta tener amigos peores que yo."

Platero y yo - Juan Ramón Jiménez