A las finas hierbas
Posted by iPaya on Friday, November 26, 2010 Under: Amparadas
Hace aproximadamente dos años y medio que apagué mi último cigarrillo. Unas veces lo echas más de menos y otras menos pero el deseo de fumar ha desaparecido casi por completo. Anoche estuve en casa de unos amigos y uno de ellos ha dejado de fumar cigarrillos hechos para hacerse los suyos propios. El problema es que no tiene mucha práctica y le cuesta mucho enrollarlos.
Yo no me pasé meses de mi vida liando cigarrillos, pero algún que otro paquete de tabaco de liar sí cayó y parece que no he olvidado la técnica así que el martes le lié unos pocos y anoche reanudé la tarea, pero esta vez reservé uno para mí. Lo hice finito, con poco tabaco y no muy apretado. Lo dejé a un lado de la mesa a ver si me entraban ganas de fumar o no y al final, no sé muy bien si con o sin ganas, decidí encenderlo.
La primera calada fue inesperada, como si el hecho de encender un cigarrillo no implicase que va a haber humo... el humo invadió mis vías aéreas porque no sólo lo inhalé sino que lo hice circular por la faringe, la laringe, la tráquea, los bronquios, los bronquiolos... no fue exactamente un acto deliverado sino más bien un acto reflejo adormilado durante un largo período de tiempo... Aún así, como digo, la primera calada me pilló de sopetón.
La segunda fue diferente, la segunda sí fue planeada para obtener lo máximo de ella. Repetí la operación de forma más que consciente y todas las toxinas se repartieron felizmente por los alveolos, exhalando el humo por la nariz... No me gustó nada. Ni parecido a lo que yo recordaba, el inmenso placer de repetir esta operación tranquilamente y bien a gusto, esparciendo alquitrán por todo tu sistema respiratorio... No me hizo falta una tercera calada. Las finas hierbas que yo fumaba no son más que filamentillos alquitranados de horrendo sabor que transforman tu boca en la suela de una alpargata de esparto, por citar solamente los efectos inmediatos.
Yo no me pasé meses de mi vida liando cigarrillos, pero algún que otro paquete de tabaco de liar sí cayó y parece que no he olvidado la técnica así que el martes le lié unos pocos y anoche reanudé la tarea, pero esta vez reservé uno para mí. Lo hice finito, con poco tabaco y no muy apretado. Lo dejé a un lado de la mesa a ver si me entraban ganas de fumar o no y al final, no sé muy bien si con o sin ganas, decidí encenderlo.
La primera calada fue inesperada, como si el hecho de encender un cigarrillo no implicase que va a haber humo... el humo invadió mis vías aéreas porque no sólo lo inhalé sino que lo hice circular por la faringe, la laringe, la tráquea, los bronquios, los bronquiolos... no fue exactamente un acto deliverado sino más bien un acto reflejo adormilado durante un largo período de tiempo... Aún así, como digo, la primera calada me pilló de sopetón.
La segunda fue diferente, la segunda sí fue planeada para obtener lo máximo de ella. Repetí la operación de forma más que consciente y todas las toxinas se repartieron felizmente por los alveolos, exhalando el humo por la nariz... No me gustó nada. Ni parecido a lo que yo recordaba, el inmenso placer de repetir esta operación tranquilamente y bien a gusto, esparciendo alquitrán por todo tu sistema respiratorio... No me hizo falta una tercera calada. Las finas hierbas que yo fumaba no son más que filamentillos alquitranados de horrendo sabor que transforman tu boca en la suela de una alpargata de esparto, por citar solamente los efectos inmediatos.
In : Amparadas