Hace ya algún tiempo conocí a una barcelonesa. Durante la conversación me dijo, como con miedo a ofenderme porque creo que hicimos buenas migas, que yo tenía un fuerte acento castellano. Bueno, pensé yo... se puede ser castellana y ser de derechas, o de izquierdas, o de medias tintas y se puede ser catalana y nacionalista, o regionalista, o barcelonista e incluso se puede ser del español...

Que los habitantes de mi ciudad de origen tienen fama (fundada) de ser fachas... pues sí, bueno, ¿y? eso no está asociado al acento, ¿no? Yo no entiendo muy bien por qué hay distintos acentos, por qué el andaluz es tan diferente del extremeño, del mallorquín o del pamplonica. Hay quien dice que está también relacionado con la clase social, aunque yo no lo tengo nada claro. Quizá mi modo de vida sólo me ha puesto en contacto con gente más o menos de mis mismas posibilidades... No es que no conozcas a nadie más... conozco gente que ha ido a la universidad y gente que no terminó el bachillerato; gente que vive en el centro de grandes ciudades, a las afueras y en pueblos agrícolas y ganaderos; gente que trabaja de dependiente en un kiosko, de peón de obra, médicos, profesores, directores departamentales de empresas, pastores...

Noto diferencias en las preocupaciones de cada cual, en la forma de exponer las preocupaciones, de entender la vida, pero... yo creo que de acento no he notado. Sí que es cierto que la gente más educada en una ciudad le da menos patadas al diccionario gramatical urbano, pero vamos, de ahí a decir que tiene acento de clase alta o trabajadora me parece un poco exagerado.