He invitado a unos amigos a cenar y he pasado todo el día pensando en el
menú, comprando los ingredientes, preparando y cocinando. Parece que he
elegido malamente y la mayoría de los platos eran bastante elaborados y
entre unos pasos y otros había que esperar a que se enfriase esto o lo
otro. Entre medias pretendía yo leer un poco, pero con la emoción del
asunto no me concentraba así que... ¡qué mejor actividad para pasar el
rato que limpiar el baño!
Ya hacía tiempo que no veía brillar los
grifos y mis ojos relucían también en el espejito que tengo sobre el
lavabo.
El tiempo pasó, los platos quedaron listos para consumir y
en la cena hubo buen ambiente. Cuando los visitantes abandonaron el
lugar fregué un poco la cacharrería y, ya lista para meterme en la cama
fui a lavarme los dientes. En estas estaba yo, frente a mi espejito
mágico, con la espumilla de la pasta de dientes frota que te frota
cuando un ataque de tos inesperado me asaltó...
Debí haberle
sacado una foto a mi espejito mágico.
In : Amparadas