Así se titula una de las audiciones de Ravel, que yo escuché varias veces en directo de la mano (de las manos) de una pianista amiga mía. La misma pieza musical estaba escuchoando hoy, interpretada por la misma pianista, aunque esta vez en diferido, de un CD grabado con el patrocinio de una autoridad regional.

Bien alto puse la música, y bien alta subió la marea por toda mi cocina. Literal. La lavadora no cejaba en su empeño de expulsar agua... Y yo estaba en el salón ajena al tema hasta que me entró sed...

Es curioso la rapidez con que el cerebro procesa información y toma decisiones sin que te des cuenta. Cuando ví el percal hice lo típico: apagar la lavadora y sacar cubo y fregona; pero nada más comenzar la tarea me dí cuenta de que el método era muy poco efectivo y el agua había llegado ya a la moqueta del pasillo. El siguiente impulso cerebral fue colocar una toalla de baño a modo de barricada que separase la inundación de la cocina de la absorbente moqueta... A continuación, sin comerlo ni beberlo me encontré a mí misma arrodillada en la zona de moqueta, recogiendo agua con el recogedor de la cocina y echándola en un cubo que había dispuesto junto a mí. Cubo y medio después, pude ya usar la fregona... y otra toalla para absorber la humedad de la moqueta. 

El problema: unos días antes desenrosqué el filtro de la lavadora para ver si había pelusas, monedas o cosas así (impecable estaba) y se gún parece no lo cerré bien, pero creo haber aprendido la lección.