La transición

February 22, 2012
Nunca se me había ocurrido lo duro que puede ser pasar de un estado a otro... Cambio de trabajo, cambio de ciudad y todo parece ser contradictorio: me quiero ir pero no me quiero ir; quiero empezar un nuevo trabajo pero no quiero dejar este; quiero ver cosas nuevas pero seguir viendo las de siempre; quiero pero no quiero. Es emocionante pensar en los acontecimientos venideros y al mismo tiempo aterrador. Es triste pensar en lo que dejo aquí y, simultaneamente, alentador pensar en lo que podría encontrar. No quiero. Quiero.
 

Vuelta a las andadas

February 13, 2012
Dice la Real Academia que volver a las andadas es reincidir en un vicio o en una mala costumbre; y aquí está Amparito, con sus mala costumbre de meter la pata como nadie más haría.

Ya hace tiempo que no escribo porque mi vida se había vuelto un tanto aburrida: las amparadas menores venían a repetirse y dejaron de ser graciosas (o quizás fue a mí a la que no le parecían graciosas). Pero todo esto ha cambiado porque he decidido cambiar de trabajo y, con ello, cambiar de localización geográfica: me mudo al sudeste de la isla.

Bueno, me mudo... si consigo empezar. Aquí la paya lo hizo todo muy bien: mandó un ridículum vitae a una empresa, hizo la entrevista y consiguió que le hicieron una oferta. Es entonces cuando me asaltaron las primeras dudas... ¿de veras me quiero ir de aquí? sobre(en)cogida por la respuesta decidí que estoy muy a gustito en mi lugar de residencia pero que permanecer más tiempo en mi empresa actual es un error mayúsculo así que, después de dos días de discusiones con mi almohada, llamé y acepté la oferta.

Immediatamente la lié parda: se lo dije a mis responsables directos, porque tengo que avisar con cierto tiempo de antelación y tal. Dos días después recibí el contrato con mi futura empresa y se lo dije al resto de mis compañeros... Error... y firmar mi renuncia. Grave error...

No, no tengo ningún problema con mis compañeros, pero he solicitado la aclaración de ciertas cláusulas del futuro contrato... sigo sin respuesta y, por lo tanto, sin haber firmado mis nuevas condiciones laborales. ¿Dónde me deja todo esto? En ridículo. Porque solamente se me puede ocurrir a mí firmar la renuncia de mi sueldo (digo... puesto de trabajo) sin haber firmado el contrato con la nueva empresa...

Les he llamado hace un poquitín y me han dicho que me responderán por correo electrónico hoy así que ahora mismo estoy en un estado de mini ansiedad (provocado exclusivamente por mi inocencia o, mejor dicho, mi idiotez) que probablemente me llevará a firmar "lo que sea" por aquello de no quedarme en paro si derecho a prestación en tres semanitas y media...

Supongo que no es necesario que escriba la moraleja.
 

Qué bonito lenguaje

August 13, 2011
Hace ya mucho tiempo un amigo me mandó un enlace de una página para hacer pan sin levadura y estos días me estoy entreteniendo en hacerlo. Es algo laborioso pero muy interesante. Si practico un poco más os haré un documento gráfico. Pero bueno, a lo que iba: yo sabía que mi abuela, de joven, hacía pan así que le pregunté a ella y me explicó todo el proceso... yo recuerdo especialmente una palabra que mencionaba una y otra vez: "la yelda". Tienes que hacer primero la yelda, que sin yelda no se te yelda el pan, etc.

Es muy sencillo averiguar el significado de yelda, pero a mí me quitó el sueño una semana porque no sabía como escribirlo, yo quería saber cual es la palabra oficial porque mi abuela usa muchas palabras que yo desconozco y que están aceptadas en la RAE, palabras como añusgar (no comas tan deprisa que te añusgas), o expresiones como "se conoce que" (se conoce que en la India vive mucha gente). convencida de que existía una palabra con cierto parecido yo no conseguía averiguar cuál.

Esta misma mañana he leido la palabra que creo es la equivalente a la yelda de mi abuela, y es leudar, definida en la RAE como "dar fermento a la masa con la levadura". Ahí queda mi descubrimiento del día.
 

Cuando el amparismo supera la realidad

July 25, 2011
Érase una vez una amparo en bicicleta que va a un vivero a comprar unas macetas y tierra para replantar algunas plantas que tengo en casa. Amparo es muy consciente que se ha levantado de la siesta a toda prisa y ha llegado al sitio muy cerquita de la hora de cierre pero, viendo que hay carros a la puerta y que un señor entra con su carrito vacío se envalentona e imita la jugada. Amparo va directamente a la sección de tiestos que ya conoce y selecciona cuatro, tarea que le lleva algún tiempo porque sólo tiene una alforja y deben encajar perfectamente cual matrioscas. Terminada la faena, Amparo se dirige rauda y veloz hacia la sección de tierra, encontrandose con una verja cerrada a cal y canto...

De camino al mostrador me encuentro con un jovenzuelo que lleva una camiseta con el emblema de la tienda así que le pregunto si me puede conseguir una bolsa de tierra del tamaño que necesito y me dice muy entusiasmado que sí. Comienzo a pasar los tiestos por la caja y como además son de cerámica le pregunto a la cajera si me puede dar algo de papel para hacer la matriosca. Ella me mira raro así que le explico que voy en bici... Ella arquea mucho las cejas, y se aleja de la caja registradora, hasta la puerta de salida, volviendo con un par de periódicos con los que además me ayuda a enmatrioscar los tiestos. Para terminar de ser simpática Amparo le pregunta que a qué hora suelen cerrar obteniendo el siguiente diálogo de besugos:
- ¿A qué hora cerráis normalmente? (what time do you usually close?)
- No, no ya no tenemos clavo (clove)
O quizá dijo que ya no tenían ropa (clothes), no me quedó nada claro, pero fijo que no respondió a mi pregunta. Como no podía ser de otra manera Amparo pensó que era idiotay que no estaba entendiendo a la chica así que le pidió que se lo repitiera... y ella erre que erre con el clavo o la ropa...

"¡Ah!", dije yo, en mi turno de cejas arqueadas y, ella, al ver mi sopresa lo debió de interpretar como pena así que añadió que en la otra tienda sí tenían (lo que fuera que no tenían en esta...). Yo ya ví que esto no iba a ninguna parte así que sólo pude añadir que la otra tienda estaba un poco lejos para ir en bicicleta, devolviento así el turno de cejas arqueadas...
 

La Vaca sagrada

February 22, 2011
Estoy cansada de la cantidad de ruido humano que se genera a mi alrededor mientras yo intento concentrarme para sacar adelante algo de mi trabajo en una oficina de esas modernas de espacio abierto, así que he desarrollado la táctica de llevarme un reproductor de música portátil con unos casquitos que me he comprado, de esos que se meten hasta el tímpano y van recubiertos de una especie de goma. Es como un tapón de cera de los que venden en las farmacias, pero que lleva un altavoz por dentro y va unido a un cable, con lo cual no necesito poner la música alta ni nada.

Si alguien quiere dirigirse a mí personalmente, debe agudizar el ingenio. Yo ya he dicho que el movimiento y la presencia es lo ideal, que si alguien se pone junto a mi mesa, en algún lugar al alcance de mi centro de visión, yo me distraigo y me quito los tapones, digo... los auriculares.

Por supuesto siempre hay alquien que quiere desarrollar sus propios métodos. Alguien que normalmente se consideraría un emprendedor ocurrente pero que, casi independientemente del método utilizado, acaba siendo un vulgar gilipollas. El primer intento es gritar (mis altavoces son a prueba de voceras). El segundo intento es gritar más fuerte (esto provoca una oleada de miradas y carcajadas de todo el mundo excepto yo, que sigo sorda al mundanal ruido, y nunca mejor dicho). A continuación el gilipollas (por ponerle un nombre), decide tirar algún objeto contra mí. Por supuesto falla y yo sigo inmutable. Entonces tiene que acercarse a recoger el objeto. El gilipollas entra, en ese instante, en mi campo visual, pero no contento con eso, grita más alto y acompaña sus gritos con una serie de palmadas y saltos, cual orangután aplaudiendo.

Yo me asusto, desenrosco un tapón y el orangután gilipollas sigue gritando (como si no hubiera visto que ya no tengo impedimentos en las orejas) que necesita mi ayuda. Yo, desconcertada con tanto alboroto y de muy mala hostia, me dirijo hacia la pantalla correspondiente y ¡o sorpresa! el tema de ayuda no tiene nada que ver con mi trabajo. De todas formas, como sé algo del tema, asomo la cabeza en la pantalla y se reproducen la siguiente serie de sonidos:

Orangután Gilipollas (OG): ¡Mira! [y hace una demostración del problema]
iPaya: ¿has probado a hacer tal y cual?
OG: ¡Sí! ¡Mira!
iPaya: ¡Ah! este es el problema, necesitas hacer esto y lo otro.

El orangután gilipollas deja de gritar y, por tanto deja ya de tratarme como si fuese una vaca descarriada y pasa a realizar una serie de operaciones absurdas a base de ratón y que nada tienen que ver con lo que yo le había dicho. Yo decido permanecer en silencio mirando impaciente, y aún más cabreada, la serie de acontecimientos. Tras varios intentos de la paya perdiendo el tiempo, ésta decide repetir la descripción del problema y de la solución, terminada la cual me retiro a apagar la pantalla de mi ordenador y salir a tomar el aire, a comprarme comida libanesa y a sentarme en la otra mesa, aislada del resto del mundo.

No es que me considere una vaca, ni mucho menos sagrada, pero nadie se ha atrevido a acercarse (no digamos ya a tocarme) como si estuviésemos en la India y yo fuese una de las múltiples vacas sagradas que caminan por determinadas ciudades. Mi cara trasmite fielmente lo que pienso y cuando estoy de mala hostia, se nota (mucho) y aquellos que han osado dirigirme la palabra en tal estado se han arrepentido inmediatamente.
 

Por la izquierda, Romerales

February 22, 2011
Por primera vez en mi vida he conducido un coche en el Reino Unido. Llevaba ya varios días madurando la idea de conducir por la izquierda, por la izquierda y sólo por la izquierda. Llegado el momento llegué al coche, abrí la puerta,  tomé asiento e hice un movimiento rápido para ponerme el cinto. La primera en la frente. Ahí no hay cinto sino vacío; el cinto está en el lado de la puerta del conductor, es decir, a la derecha...

A continuación me familiarizé con las marchas en el lado izquierdo. Al ir a sacar el coche de su aparcamiento necesité hacer maniobra... ¿y la marcha atrás cómo se pone? porque cada fabricante parece ponerlo de una forma. Una vez conseguida la maniobra, y tras varios golpes en la mano derecha contra la puerta del conductor, por aquello de intentar buscar las marchas en el lado que no es, me dirijo directa a la carretera. Bueno, dando más vueltas que un tonto bajando desde el decimotercer piso de un aparcamiento...

Conducir por la izquierda es relativamente sencillo; a mirar por el espejo de la derecha en lugar del de la izquierda, también te acostumbras rápido; a calcular la distancia desde tu asiento hasta la línea del arcén se tarda un poco más y, en el caso concreto de la autovía por la que yo circulaba en ese instante, pisas las bandas sonoras en diversas ocasiones...

Ignorando que yo nunca he sabido orientarme (con lo que entrar y salir de una ciudad en la dirección correcta es siempre una odisea), los continuos golpes contra la puerta del conductor buscando la palanca de marchas, e incluso el freno de mano una vez que aparcas, la aventura ha sido positiva. Eso sí ha habido amparadas estrella:

1. Incorporación después de cruce desde una calle secundaria (de dos carriles por cada sentido de la circulación) a autovía de 3 carriles por cada sentido de la circulación.
La dificultad consiste en realizar el giro a la derecha, desde el carril de la derecha de la calle secundaria (especificamente destinado para este fin), al carril izquierdo de la autovía. Con toda mi atención fija en las líneas y flechas del suelo comencé a realizar la maniobra en cuanto el semáforo se puso verde, con la flechita que indicaba a la derecha. En todo momento le repetía en voz alta al copiloto: y ahora vamos al carril de la izquierda, el de la izquierda, el de la izquierda. Y allí me dirigía cuando un semáforo rojo se interpuso en mi camino. ¿Y ahora qué? ¿Cómo puede haber un semáforo rojo aquí? El resto de conductores pararon, pacientes, en los otros dos carriles y poco a poco fueron perdiendo la paciencia y saltándose el semáforo en rojo. Cosa que yo también puse en práctica, un buen rato después, al darme cuenta de la estupidez. Ese semáforo está puesto para los coches que ya estaban en la autovía, porque aquí los semaforos se colocan por duplicado: uno en el cruce y otro después del cruce (imagino que para paliar fracturas de cuello cuando el coche se detiene un poco por delante de la línea de detención...).

2. Idéntico cruce, pero esta vez consciente de los carriles y de los semáforos. 
Pues nada... me resbaló la mano, saqué la marcha en vez de meterla, devolví la mano al volante. El coche no avanzaba. Fui a meter la marcha usando la puerta del conductor en vez de la palanca de cambios. El coche se paró en todo el medio del cruce y se abrieron todos los semáforos... No se movió ni rita. Nadie pitó. Nadie avanzó. Todo el mundo esperó a que yo, tranquilamente, cambiase de mano, metiese la marcha correcta y siguiese mi camino.


Igual, igual que en mi ciudad natal...
 

Acentos

February 2, 2011
Hace ya algún tiempo conocí a una barcelonesa. Durante la conversación me dijo, como con miedo a ofenderme porque creo que hicimos buenas migas, que yo tenía un fuerte acento castellano. Bueno, pensé yo... se puede ser castellana y ser de derechas, o de izquierdas, o de medias tintas y se puede ser catalana y nacionalista, o regionalista, o barcelonista e incluso se puede ser del español...

Que los habitantes de mi ciudad de origen tienen fama (fundada) de ser fachas... pues sí, bueno, ¿y? eso no está asociado al acento, ¿no? Yo no entiendo muy bien por qué hay distintos acentos, por qué el andaluz es tan diferente del extremeño, del mallorquín o del pamplonica. Hay quien dice que está también relacionado con la clase social, aunque yo no lo tengo nada claro. Quizá mi modo de vida sólo me ha puesto en contacto con gente más o menos de mis mismas posibilidades... No es que no conozcas a nadie más... conozco gente que ha ido a la universidad y gente que no terminó el bachillerato; gente que vive en el centro de grandes ciudades, a las afueras y en pueblos agrícolas y ganaderos; gente que trabaja de dependiente en un kiosko, de peón de obra, médicos, profesores, directores departamentales de empresas, pastores...

Noto diferencias en las preocupaciones de cada cual, en la forma de exponer las preocupaciones, de entender la vida, pero... yo creo que de acento no he notado. Sí que es cierto que la gente más educada en una ciudad le da menos patadas al diccionario gramatical urbano, pero vamos, de ahí a decir que tiene acento de clase alta o trabajadora me parece un poco exagerado.
 

Miroirs III - Una barca sobre el océano

January 17, 2011

Así se titula una de las audiciones de Ravel, que yo escuché varias veces en directo de la mano (de las manos) de una pianista amiga mía. La misma pieza musical estaba escuchoando hoy, interpretada por la misma pianista, aunque esta vez en diferido, de un CD grabado con el patrocinio de una autoridad regional.

Bien alto puse la música, y bien alta subió la marea por toda mi cocina. Literal. La lavadora no cejaba en su empeño de expulsar agua... Y yo estaba en el salón ajena al tema hasta que me entró sed...

Es curioso la rapidez con que el cerebro procesa información y toma decisiones sin que te des cuenta. Cuando ví el percal hice lo típico: apagar la lavadora y sacar cubo y fregona; pero nada más comenzar la tarea me dí cuenta de que el método era muy poco efectivo y el agua había llegado ya a la moqueta del pasillo. El siguiente impulso cerebral fue colocar una toalla de baño a modo de barricada que separase la inundación de la cocina de la absorbente moqueta... A continuación, sin comerlo ni beberlo me encontré a mí misma arrodillada en la zona de moqueta, recogiendo agua con el recogedor de la cocina y echándola en un cubo que había dispuesto junto a mí. Cubo y medio después, pude ya usar la fregona... y otra toalla para absorber la humedad de la moqueta. 

El problema: unos días antes desenrosqué el filtro de la lavadora para ver si había pelusas, monedas o cosas así (impecable estaba) y se gún parece no lo cerré bien, pero creo haber aprendido la lección.

 

Tres copitos

November 29, 2010
Anoche, alrededor de las ocho, los termómetros marcaban cinco Celsius bajo cero. Esta mañana he saltado de la cama antes de que se parase la caldera (es una medida de seguridad que uso: de lunes a viernes, mi caldera se apaga automáticamente a las 8:00 para asegurarme de que me levanto para ducharme calentita antes de venir a la oficina).

El caso es que mientras se hacía el café he mirado por la ventana y ¡nevaba! ¡con lo que a mí me gusta ver la nieve! Nada más verla me entusiasmo y entro en calor. ¡Sólo pensar que voy a salir a la calle tapada hasta las cejas a pisotear el suelo blanco y mullido, ver las ramas de los árboles tintadas de blanco, los edificios que laban sus fachadas y se visten de punta en blanco! ¡hasta la gente se vuelve sociable cuando nieva y desconocidos se saludan por la calle!

Entonces la cafetera terminó de hacer el café y mi imaginación, esta vez junto con mi cuerpo, se desplazó al salón dispuesta a desayunar y mis ojos vieron que eran tres copitos los que caían, de esos bien prietos, poco menos que granizo y que nada era, aún, blanco... Con todo y con eso he salido tapada hasta las cejas y he llegado a la oficina a las nueve en punto. Ya no nieva y mis dedos luchan contra los primeros síntomas de congelación (el jersey de lana gordo que llevo puesto no me cubre los deditos).
 

A las finas hierbas

November 26, 2010
Hace aproximadamente dos años y medio que apagué mi último cigarrillo. Unas veces lo echas más de menos y otras menos pero el deseo de fumar ha desaparecido casi por completo. Anoche estuve en casa de unos amigos y uno de ellos ha dejado de fumar cigarrillos hechos para hacerse los suyos propios. El problema es que no tiene mucha práctica y le cuesta mucho enrollarlos.

Yo no me pasé meses de mi vida liando cigarrillos, pero algún que otro paquete de tabaco de liar sí cayó y parece que no he olvidado la técnica así que el martes le lié unos pocos y anoche reanudé la tarea, pero esta vez reservé uno para mí. Lo hice finito, con poco tabaco y no muy apretado. Lo dejé a un lado de la mesa a ver si me entraban ganas de fumar o no y al final, no sé muy bien si con o sin ganas, decidí encenderlo.

La primera calada fue inesperada, como si el hecho de encender un cigarrillo no implicase que va a haber humo... el humo invadió mis vías aéreas porque no sólo lo inhalé sino que lo hice circular por la faringe, la laringe, la tráquea, los bronquios, los bronquiolos... no fue exactamente un acto deliverado sino más bien un acto reflejo adormilado durante un largo período de tiempo... Aún así, como digo, la primera calada me pilló de sopetón.

La segunda fue diferente, la segunda sí fue planeada para obtener lo máximo de ella. Repetí la operación de forma más que consciente y todas las toxinas se repartieron felizmente por los alveolos, exhalando el humo por la nariz... No me gustó nada. Ni parecido a lo que yo recordaba, el inmenso placer de repetir esta operación tranquilamente y bien a gusto, esparciendo alquitrán por todo tu sistema respiratorio... No me hizo falta una tercera calada. Las finas hierbas que yo fumaba no son más que filamentillos alquitranados de horrendo sabor que transforman tu boca en la suela de una alpargata de esparto, por citar solamente los efectos inmediatos.
 
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