Racismo

November 18, 2010
No sé si es un fenómeno natural, los tiempos que corren, el atropello de información no neutral con la que nos vemos inundados diariamente en los distintos medios desinformativos o simplemente que se nos apaga el cerebro con la edad, pero me da la sensación de que cada año que pasa estoy rodeada de más y más gente racista.

Lo que me obliga a escribir estas líneas es la actitud de mi señor progenitor quien hoy me pide prudencia al usar tarjetas de crédito en restaurantes y otros establecimientos en los que trabajan "rumanos" e "hispanos". Ni es la primera vez que recibo comentarios así de la misma persona, ni será la última, por mucho que me rechinen los dientes para no gritar (me saca de mis casillas) y trate de convencerle de que se puede ser ladrón y se puede ser rumano, pero las dos cualidades no van necesariamente unidas. "Se puede ser de Cuenca y se puede ser gilipollas; vamos, que no tiene nada que ver" -famosa frase que un amigo mío debió haber patentado hace años-.

Una vez apagado el interruptor que hace que me salten los plomos con este tipo de comentarios, yo reflexiono cuantas veces he oido a mi alrededor comentarios del mismo "tipo" y no son pocas. Lo más gracioso es que no se atiende a razones: por algún motivo comentarios generales sobre los inmigrantes son muy normales en mi familia (entiéndase padres, tíos y primos). Yo escucho "pacientemente" el repertorio y después les explico que yo soy inmigrante en otro país, que yo emigré de España a... ¡tierras extranjeras! y la respuesta es, invariablemente la misma: "bueno hija, pero eso es distinto". Por más que insisto en investigar cuáles son las diferencias, no consigo más respuesta que "pues no sé, diferente".

Lo que más me llama la atención es que haya inmigrantes que sean racistas, porque haberlos haylos...

 

Rasgándome las vestiduras

October 27, 2010
Hace ya cuatro o cinco años que dejé de llevar regularmente camisetas siete tallas más grandes que yo para pasar a un estilo un poco diferente, ahora parece que he decidido ir un paso más allá y dejar de comprar pantalones vaqueros. No quiere esto decir que me esté convirtiendo en un ser humano formal en la forma de vestir, simple y llanamente es otra forma de cambio que se está produciendo en mí, de la que he sido consciente esta misma semana, en la que he intentado ir de compras y he mirado con disgusto las filas de vaqueros expuestos aquí y allá. Eso sí, con lo difícil que está resultando encontrar pantalones de mi estilo y, sobre todo de la longitud de mis piernas, quien sabe si acabaré rasgándome las vestiduras y llevando faldas...
 

Hare, Hare, Hare Krishna

October 27, 2010
Ayer se me aproximó un tipo con gorro, uniforme de montaña y un panfleto en una mano recaudando fondos para fines benéficos, pero sin especificar cuáles. Estuve un buen rato hablando con él y resultó que era un monje de esos de los Hare Krishnas de origen húngaro y que estaba hasta las mismísimas de este el país en el que resido y de sus natales vecinos (los ingleses, no los húngaros).

Me llamó especialmente la atención el despotrique, no porque no tuviese razón en alguna de las cosas que dijo había observado, sino porque yo pensaba que esos "malos pensamientos" eran los que te alejaban de alcanzar el "Karma", aunque igual estoy mezclando religiones... El caso es que el tío estaba super seguro de que él estaba haciendo lo que podía por este mundo (que además no se lo merecía) y al mismo tiempo quería dejar el país y volverse al suyo, donde las cosas son diferentes y todo es mucho mejor...

El caso es que yo no quería darle dinero porque por mucha acreditación que lleven al cuello yo no sé distinguir cuándo es de verdad así que le pregunté: "¿y yo cómo sé que el dinero que yo te de va a ser enviado al que lo necesita?" y él se medio encogió de hombros y dijo "vas a tener que confiar en mí". No sé si fue la sencillez de la respuesta, la impotencia con la que lo dijo o que yo soy así de tonta, pero me fui a dar una vuelta y volví por el mismo camino para darle mi donativo.

Después me dió dos libricos uno de cocina vegetariana y otro de yoga, que yo no quería coger porque me parecía que así no sacaba ningún beneficio, pero el hombre insistió y yo me los llevé, junto con una sonrisa y ahora, recordando el tema me siento bien, no porque crea que un ridículo donativo va a solucionar la vida de nadie sino por haberle arrancado al monje, una sonrisa de verdad, de las que dejan chispita en la retina.
 

La primera impresión es la que cuenta

October 4, 2010
Hoy hemos recibido a un nuevo empleado, es italiano y va a estar en esta oficina aproximadamente una semana cada dos meses. Hoy han sido las presentaciones. Nada más llegar ha sido recibido por la gente importante y después ha sido presentado a la plebe. Como buen italiano ha echado un vistazo muy rápido al panorama y se ha centrado en la única chica de la oficina, aquí la paya. Yo he recibido el mensaje de que le ha gustado lo que ha visto, así que me he acercado a darle una calurosa bienvenida dandole la mano, y una primera impresión que le va a ser difícil olvidar porque hoy soy lo más parecido a una mofeta. Huelo a choto revenido, rancio y bien macerado. Ahí queda eso. Bienvenido.
 

La vida un poco más pronto

September 12, 2010
¿Qué pasa cuando te levantas más pronto un domingo? pues que tu vida cambia... ves a otra gente que hace cosas a horas a las que tú no eres persona. Hoy he tenido un sueño muy pesado y me he levantado de la cama dormida, me he quitado las legañas a regañadientes y he pedaleado hacia la casa de un amigo mío que está de vacaciones y me ha pedido que cuide de su gato. Tampoco era tan pronto: las diez de la mañana. A pesar de llevar los ojos a media asta, he sido capaz de pensar que hoy no era el día para ir por las principales arterias de la ciudad, he decidido ir por un camino un poco más largo, pero sin coches. Me he cruzado, como en sueños, con muchos ciclistas (no en grupo, sino de uno en uno, en distintos puntos del recorrido) y todos sonreían como "mira que bien, otro ciclista", eso o que no me quité bien las legañas y tenía los ojos achinados con sendas pelotas de legañas colgando de las pestañas.

He pasado un buen rato sentada en las losas de su jardín, sobando al gato, hasta que he empezado a moquear de mala manera (la cantidad de pelo que suelta la tía) y he decidido que era hora de ir al super a comprar leche para desayunar, que no me quedaba ni gota. Dicho y hecho; he dejado la bici donde siempre, he cogido el carro, he entrado por la puerta y... ¡no había luces en los pasillos! he mirado al guardia de seguridad, que estaba riéndose con otro, probablemente del parecido entre hormigas en las proximidades del hormiguero y seres humanos con carritos de supermercado paseandose por los pasillos; como no me ha mirado ni nada, y yo he visto a gente con carros, pues me he unido al grupo de humanos hormigueando por los pasillos (que eran bastantes). Entonces los altavoces anunciaron que "se informa a los señores clientes que el supermercado está abierto, pero que las cajas no lo harán hasta las 11 en punto". ¡Ah! ya entiendo, faltan 10 minutos para que el supermercado abra oficialmente, pero permiten a la peña merodear y coger cositas mientras tanto...

Era curioso el contraste entre la gente impaciente por salir con su compra (por ejemplo un señor que sólo quería comprar el periódico y que protestaba porque tenía que esperar hasta las 11 en punto para pagar) y los trabajadores del supermercado: los cajeros y cajeras de pie, cruzados de brazos en sus puestos, esperando quién sabe si a un toque de silvato, a que encendieran las luces o a qué otro tipo de señal; los reponedores sorteando gente para dejarlo todo ordenadito e impoluto; los encargados paseándose por todos los puestos a ver si todo está en perfecto orden... Cosas que nos perdemos todos los días por salir de casa un poco más tarde.
 

Cuestión de seguridad

September 9, 2010
Esta misma mañana, en el país en el que las leyes de riesgos laborales son mimadas y respetadas, y en una época en la que mucha gente protesta sobre el incumplimiento de las normas de tráfico de determinados ciclistas, se ha producido un fenómeno inusual.

Están haciendo obras en la carretera por la que circulo a diario; la carretera es de doble sentido y tiene un único carril para cada sentido de la circulación. Están escavando un tramo de unos 100 metros y han tenido que cortar un carril. Perfecto. Para esta tarea, el personal de obra ha rodeado la zona de trabajo con unos conitos naranjas y han instalado un semáforo en un lado y otro semáforo en el otro para que los coches que circulan en uno u otro sentido puedan, alternativamente, utilizar físicamente el mismo carril sin accidentes.

Muy bien. Volvemos a mi bicicleta. Yo he visto el tema desde lejos y he esprintado un poquito cuando he visto que la luz del semáforo estaba verde para mí, aunque mucho antes de que llegase las luces cambiaron de color. Ningún problema, señalizo que estoy frenando y el coche detrás de mí lo entiende. En estas nos paramos todos en fila en el semáforo en nuestro carril, viendo como el resto de los coches vienen de frente, por su carril, y esperando a que el semáforo se ponga verde para poder invadir con toda seguridad el carril contrario, el derecho, y segir nuestro camino.

Ahí parada, dos obreros me han señalado con el dedo, han intercambiado muy pocas palabras y uno de ellos ha avanzado hacia mí, moviendo las vallas de forma que invadían un poco el carril derecho, separándolas de la escavadora y del camión en el que echan la tierra. A continuación, el obrero en cuestión me ha hecho gestos para que pasase, para que no tuviese que esperar en el semáforo, que yo soy, a fin de cuentas un ciclista inofensivo y, ahora sí, hay sitio para que yo pase entre la parte trasera de los vehículos y los conitos, sin que tenga que jugarme la vida en el otro carril, con el tráfico viniendo de frente.

Lo que el hombre no se paró a pensar es que los conitos se ponen para delimitar un perímetro de peligro, porque el operario de la escavadora no ve lo que tiene detrás (riesgo laboral de aplastar a un transeunte, o darle una colleja involuntaria) y por lo tanto yo, ciclista, motorista o camionera, debo esperar al cambio de color del semáforo porque está ahí puesto por mi propia seguridad. Seguro que esto se lo han explicado mil veces antes de mandarle a  la obra, pero el hombre quería ser amable así que yo he agachado la cabeza, me he saltado el semáforo en  rojo, he quebrantado el perímetro de seguridad, le he dado las gracias al obrero, que me ha deseado buen día, "y tú tambien", he pasado por detrás del camión, por detrás de la escavadora y he seguido mi camino...
 

Despliegue de medios

July 28, 2010
Hace dos noches mi sueño fue brutalmente interrumpido por un helicóptero que sobrevolaba la zona. Como ya llevo aquí casi tres años estoy familiarizada con los métodos policiales y puedo asegurar que era un helicóptero de la policía. Las sirenas que se oían de fondo confirman la teoría. El caso es que el ruido era especialmente atroz porque como es verano y, a veces llegamos a 20 grados, duermo con las ventanas abiertas. El proceso fue el siguiente:

1. Fase "¿qué es ese ruido?". Abres los ojos, escuchas, identificas... el helicóptero se desplaza y vuelve. Está volando en círculos. Sigues escuchando, mi casa no parece ser el centro, pero está muy cerca.

2. Fase "me estás tocando las narices". Tras varios intentos frustrados de cerrar los ojos y recuperar la deseada inconsciencia cada vez que el helicóptero parece desplazarse un poco más allá, te enfadas.

3. La impotencia. Escuchas, no porque te interese, sino porque el ruido no desaparece, pero esta vez ha cambiado y ahora sí, el helicóptero ha dejado de moverse en círculos y está fijo en un punto que suena muy cercano... las sirenas suenan en la calle principal.

4. Razonando se llega al infarto: si todo este alboroto está aquí al lado, fijo que están buscando a alguien, y ese alguien tiene que ser peligrosos para haber provocado tal despliegue de medios. El tipo en cuestión debe estar huyendo y tratando de esconderse por los alrededores. ¿Qué tal una ventana abierta en un piso bajo (a ras de suelo, como éste)? Entonces se te abren los ojos como platos y tu corazón se acelera de mala manera.

5. Aturdimiento: Incapaz de moverte de la cama debido al miedo generado, listas una a una todas las ventanas que tienes abiertas e imaginas toda la película, el fugitivo entra en tu dormitorio (la ventana más accesible) y los polis lo acorralan, etc.

6. El triunfo de la razón: Cuando comienza la negociación para la liberación del rehén (aquí la paya), te das cuenta de que nadie ha rozado siquiera ninguna de tus ventanas, que ya no hay ruido que valga y, por lo tanto, tampoco ninguna necesidad de levantarte a cerrar lal casa a cal y canto.

Conclusión: puedes seguir durmiendo plácidamente...
 

Me siento

July 25, 2010
Pienso sentada y cuando la cosa es importante me gusta hacerlo al aire libre, que corra el aire. No sé exactamente como me siento, y no me refiero a la postura física. En muchos aspectos me considero una persona afortunada y eso se ha extendido a mi vida laboral. Siempre me ha aterrado buscar trabajo y en realidad nunca he tenido que  hacerlo realmente: al terminar mis estudios solicité una beca para trabajar en el extranjero, sonó la flauta y me la dieron; yo no sé qué cables, o datos, se cruzaron pero desde entonces siento especial predilección por todos aquellos informáticos que diseñan aplicaciones con bases de datos... Mi jefe de beca me trató infinitamente bien y me enseñó muchas cosas, de hecho quiso contratarme al final de la beca, pero yo tenía otros planes.
 
En aquel momento me encontré en una estación de tren (casi así de literal) con una persona conocida que quería contratar a alguien "con mi perfil". Yo necesitaba volver a España por motivos familiares y no me pude resistir. Laboralmente la historia fue un desastre, pero conocí a un grupo de gente maravillosa (y satisfice mis obligaciones familiares). Poco después mi anterior jefe me habló de una empresa en la que buscaban a alguien como yo, les dio mi teléfono y aquí estoy.

Han pasado casi tres años y muchas experiencias, pero me voy a centrar sólo en la empresa. Una empresa con vistas de futuro, que invertía dinero y tiempo en sus trabajadores, permitiéndoles desarrollar su creatividad sin trabas y exigiendo lo que podían dar (no más, pero tampoco menos) a cambio ofrecía buen sueldo y ciertas libertades: horario semiflexible, posibilidad de trabajar desde casa, cada uno viste como quiere, libertad de expresar opiniones y transmitir sugerencias sin pasar por ningún tipo de jerarquía. En general, los trabajadores son mimados y las cosas que hacen bien son mucho más importantes que las que se hacen mal porque se aprende de lo malo sí, pero muchas veces nos olvidamos que de lo bueno también. Había pequeñas cosas, que a mí me han traído de cabeza más de una vez, pero casi se pasan por alto ahora.

El caso es que esta empresa se debate en estos momentos entre el hundimiento y la posibilidad de salir a flote y la situación es crítica, así que llega el momento de tomar decisiones... y aquí es donde empiezan los problemas, porque yo sé que no me quiero ir pero también sé que las probabilidades de que la empresa sobreviva no son muy grandes así que voy oteando el horizonte laboral sin ninguna gana y así, es más difícil.

Las razones por las que me quiero quedar son de muy diversa índole. En primer lugar me he hecho un hueco en esta ciudad y no quiero irme a otro sitio. En segundo lugar, trabajar en esta empresa tiene una serie de ventajas: tardo diez minutos en desplazarme a la oficina, voy en bicicleta, a nadie le importa si voy en vaqueros, si me quito los zapatos en la oficina o se me olvida depilarme el bigote; a nadie le sienta mal que yo llegue a las 9.30 en vez de a las 9, o que un día salga dos horas antes porque vienen unos amigos a verme (una vez me dijeron que a mí no me pagan por horas sino por cumplir una serie de objetivos que, hasta ahora nunca he fallado); y, en condiciones normales salgo a las 5 (5.30 porque llego siempre más tarde), lo que me permite tener una vida personal. Para mí todo esto tiene un precio y nada despreciable (valga la rebuznancia).

Resulta que esta empresa la formaron 4 amigos que siguen siendo amigos y son entusiastas y un poco utópicos -en ocasiones se pasan de frikis, pero no se puede pedir todo ¿no?- Por ejemplo, ahora que se le ven las orejas al lobo se ha pedido consejo profesional a un abogado que se dedica a aconsejar a empresas que se van a la ruina: sus obligaciones legales, etc. Al parecer la pregunta y actitud con la que se fue al abogado fue: "¿qué tenemos que hacer para conservar los derechos de los empleados?". El abogado en cuestión, con 15 años de experiencia en lo mismo, es decir, 15 años aconsejando empresas en quiebra, les dio las respuestas que necesitaban y también les dijo que muy pocas empresas acudían a él 3 meses antes del desastre y que nunca, jamás en su vida profesional le habían preguntado cómo preservar los derechos de los trabajadores.

Yo creo que todo esto da una pista de como me siento. Un tanto impotente ante una situación que no sé cómo cambiar; un poco frustrada porque sé que no voy a encontrar algo igual; a veces un poco emocionada cuando veo una oferta de algo que puede ser parecido o mejor o en otra ciudad en la que no me importaría vivir; un poco decepcionada con la actitud de mis compañeros, que además de no ser útil para mejorar la situación deprime a cualquiera; un poco ilusionada cuando los jefes vienen de traje porque viene un inversor interesado al que le van a mostrar la oficina y los productos que existen...

En resumen, me siento como un surfero en este mar de emociones: escalo la cresta, me dejo llevar, me caigo, trago agua, me sale por la nariz, consigo subirme a la tabla (tumbada), muevo los bracitos sin avanzar a penas, veo otra ola que viene, nado con fuerza, tomo impulso, cojo la ola, me pongo de pie sobre la tabla, subo a la cresta...
 

Se busca

July 6, 2010



Hace muchos, muchos años una prima mía me regaló un reloj yo me lo puse y no me lo volví a quitar -excluyendo ocasiones especiales como la ducha, el cambio de pila o los subsiguientes cambios de correa-. Muchos años después mi reloj se paró y nuevas pilas no sirvieron de nada. No recuerdo los detalles, pero arreglarlo o era muy caro o no solucionó la avería así que estuve una larga temporada sin reloj.

Un tiempo después decidí que era fundamental en mi vida tener mi propio reloj y dejar de mirar la hora en torres de iglesias, cabinas telefónicas o dispensadores de O.R.A. así que comencé la búsqueda. Mi subsconsciente quería uno igual y acabé comprando uno parecido. No sé muy bien qué es lo que pasó. Puede que durante esa temporada sin reloj me acostumbré a no tener ataduras: ni físicas (en mi muñeca), ni mentales (horarios). El caso es que nunca me acostumbré del todo a llevarlo puesto.

Para los amantes de la psicología, el subsconsciente y el psicoanálisis diré que, desde que crecí (mentalmente) un poco, y pese a ser una persona sociable, me encuentro bastante a gusto en casa (y esto es especialmente cierto desde que vivo sola) y el reloj es lo primero que me quito cuando llego a casa y lo último que me pongo antes de salir (bueno, en invierno puede ser el abrigo, por cuestiones de facilidad de movimiento). Lo llevo puesto cuando voy por la calle y me lo quito cuando me siento a una mesa, ya sea en un bar con amigos, para comer sola, en mi escritorio en la oficina o en una reunión.

Yo no sé qué significa todo esto y no hago más que darle vueltas así que os lo cuento, a ver si me dáis más pistas. Además me vuelvo loca buscándolo a todas horas, porque lo meto en cualquier bolsillo o bolso o lo que tenga a mano para no perderlo y luego nunca lo encuentro, pero siempre sé que lo tengo en algún sitio y que sigue siendo posesión mía, es decir, que no lo pierdo del todo. Hace dos semanas lo encontré en un bolso, colgado en un perchero en casa, después de 2 meses "de búsqueda". Tres días después se paró, lo traje a la oficina para acordarme de cambiarle la pila, y cuando regresé habiéndole provisto de nueva vida útil quedó sepultado entre los papeles durante casi una semana más. Hoy lo he recuperado por última vez, pero sigue encima de la mesa y me inquieta. Se busca reloj y explicación del fenómeno.

 

Exposición

June 18, 2010
Hace unos días mi profesor de dibujo me pidió que eligiese uno para una exposición que hacen entre los centros cívicos de la ciudad. Yo seleccioné 8 de mi repertorio pero, incapaz de decidir uno (de mis queridísimos niños) entre todos ellos tuve que hacer una votación comunitaria y elegir el más votado. Una vez tomada la decisión y cumplimentados los impresos, llegó la aventura de la entrega, porque yo, sin comerlo ni beberlo, soy una persona de lo más aventurera...

La fecha límite de entrega era el viernes, pero en horas de trabajo así que el jueves por la tarde, nada más salir de la oficina encaminé la rueda de mi bicicleta hasta el centro en cuestión sólo para descubrir que el edificio estaba cerrado a cal y canto. Bueno, no hay mal que por bien no venga y un poco de ejercicio nunca está de más.

Como tengo un horario relativamente flexible y al día siguiente no me cayó ningún marrón, pude ausentarme 45 minutos para entregar el tema. Para cuando regresé a la oficina (toda sudada por las prisas), recibí un mensaje de mi profesor diciendo que mi dibujo no había sido seleccionado para la exposición, pero que les había impresionado mucho el formulario, y que si podía llevarles el martes siguiente otras muestras de mi trabajo...

Llegados a este punto, he de explicar el contexto y algunas suposiciones y medio conclusiones a las que he llegado: el año pasado hice otro curso (dibujo al natural) y desapareció, es decir, no ha vuelto a ofertarse, con lo cual me pareció muy buena idea presentar un dibujo a esta exposición y rellenar el formulario de satisfacción, explayándome en las cualidades maravillosas que tiene el arte en tu desarrollo como persona y sus múltiples aplicaciones, por ejemplo: aumenta tu capacidad de concentración (tienes que fijarte mucho mucho).

Además dí por supuesto que la exposición era para los estudiantes de los distintos cursos de arte ofertados este año. Aún no lo tengo claro, pero el hecho de que haya un jurado que seleccione los trabajos, me hace pensar que no es el caso. Si se trata de mostrar lo que el estudiante ha aprendido, todos los trabajos presentado debieran ser expuestos, ahora si el tema es mostrar lo que el profesor te ha enseñado...  ¿quiere eso decir, que sólo se pueden mostrar los buenos? Para agravar la situación y apoyar mi punto de vista, a este tipo de centros acude todo tipo de gente: jóvenes y viejos, habilidosos y torpes, gente normal, gente con talento, gente con discapacidades físicas o mentales. Cada uno tenemos nuestras limitaciones, ¿por qué hay que poner etiquetas a los dibujos de este tipo de exposición? no creo que ninguno de los estudiantes quiera ser artista (o irían a una escuela de arte) y todos hemos disfrutado con las clases, ¿qué es lo que el jurado debe tener en cuenta, su propio ego como profesores capaces de formar artistas o el disfrute del estudiante?

Aquí nadie te examina de nada, ni te dan un título de nada, ni lo puedes poner en el ridículum vitae, por tanto no creo que se trate de juzgar las aptitudes de estudiantes ni profesores. No me parece mal que haya un jurado, pero creo que han elegido erróneamente los criterios de selección.
 
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