Zapatillas
Hola otra vez. Dicen que año nuevo, vida nueva y yo me lo estoy tomando un poco a pecho. He seguido haciendo mudanzas una temporada más hasta que me he aposentado en un sitio que me gusta, para asentar un poquito el culo, aunque no tanto la cabeza. Una vez aposentada (sobre las posaderas) he comenzado la búsqueda de actividades y la novedad es que me he calzado las zapatillas. Las de correr.
Llevaba ya una temporada dándole vueltas, creo que debido a una amiga que tengo que últimamente no hace más que correr San Silvestres... Después de 6 meses pensando que me apetece, me he aventurado a ir a una tienda a comprarme unas zapatillas. Es ahí donde empezaron los problemas para esta vuestra querida amparo... Fui a la tienda con zapatitos, faldas y medias (sí, ya lo os advertí cuando comencé a escribir este blog, que estoy cambiando a pasos agigantados) y me quedé mirando fijamente las filas de zapatillas que tenían en la pared hasta que fui capaz de determinar cuáles eran las de chica... momento en el cual el dependiente vino al rescate.
Yo le dije que iba a empezar a correr y que necesitaba unos consejos y unas zapatillas... El chico me dijo que para encontrar zapatillas para mis pies era mejor hacer unas pruebas para ver como ando y como corro, pero que tardaba en hacerse unos 40 minutos, que si me sentía cómoda para correr un poco en una cinta tal y como venía, pues que empezaban ya. Yo le dije que casi mejor otro día...
Al día siguiente me calcé unas zapatillas de tenis que me compré cuando el homo sapiens comenzó a evolucionar y me fui a la tienda. Me subieron al piso de arriba y me hicieron una serie de perrerías, incluyendo ponerme a correr en una cinta… Yo me imaginé desde el principio como en los dibujos animados: plana, como si fuese una pegatina sobre la cinta… Alegué que nunca antes había estado tan cerca de ese aparato futurista… me puso la velocidad al mínimo y yo caminé un poquito, luego subió un punto y yo me agarré a la barandilla, subió otro punto y moví los pies bien deprisa sin moverme del sitio… parecía que hasta me iba a marear porque la habitación no se movía conmigo. El tío me debió ver convencida y subió otro punto más. Yo recé lo que mal recordaba y me eché al trote (todo sin soltar la barandilla).
Otro punto más y aquello parecía que iba a salir volando pero al final dominé el tema y cuando ya parecía que me iba acostumbrando me empezó a faltar un poco el aire… y empezaron a bajar la velocidad hasta que aquello se paró, y yo me bajé del potro de torturas… es ahí cuando tuve otro medio desmayo porque tu cerebro tiene que volver a ajustarse a que ahora, estando parada, la habitación debiera moverse…
Bueno, pues salí de allí a duras penas con unas zapatillas y unos panfletos, incluidos los horarios para salir a correr con otra gente desde la misma tienda, pero esa es una aventura para otro día.