Mis tesoros, mis plantitas.
Las primeras en llegar fueron las siemprevivas, en tres años me han dado familias y familias de plantitas. Como ejemplo pongo una jardinera en la que he trasplanté las tres originales (las más grandes) y unos cuantos hijitos en marzo. La sigiente foto, en la que ya no se ve tierra en la maceta fue tomada cinco meses después... sin comentarios.
Aloe llegó a casa en marzo como muestra la primera foto. Lo puse en la ventana y las hojas empezaron a oscurecerse como si no le gustase recibir el sol directamente, así que busqué otro sitio luminoso pero sin exposición directa a los rayos de sol. Regando más o menos una vez por semana ha crecido hasta tener tres hijitos (actualizado a agosto del mismo año).
La sanseviera apenas necesita agua o luz para sobrevivir, lo que la hace ideal para dar un poco de vidilla a ese oscuro rincón.
Al espatifilo aún no le he cogido el truco, lleva conmigo desde junio y yo sufro con él porque no veo que remonte.
Como una no puede ser buena en todo, compró unas florecillas ya florecidas, Chionodoxa ludilae, decía la etiqueta. Son bulbos y las trasplanté en tres macetas distintas, tal y como decía la etiqueta. Error de principiante, porque lo que no decía en la etiqueta era cuándo debes hacer el trasplante... tras la muerte de las tres macetas, me informaron que los bulbos se separan una vez que llegue el otoño, pero que los guarde, que la próxima primavera volverán a salir... Lo único verde en la foto son las agradecidas siemprevivas.
Para pasar el mal trago, compré plantas comestibles... Albahaca y perejil.
Begonia apenas necesita cuidados, es feliz por sí sola.
Desconozco si esto es un clorophyto (¿?), pero es fácil de cuidar: si no tiene suficiente agua las puntas de las hojas se vuelven marrones.